Estilo atribucional y rendimiento deportivo

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Estilo atribucional y rendimiento deportivo

Tal y como explico en el artículo sobre la estructura mental del deportista, la percepción de que existe una sola realidad que cada cual interpreta a su manera es una creencia extendida en la mayoría de personas, pero no es la que mejor sirve para entender ciertas situaciones como, por ejemplo, por qué motivo ante un hecho concreto diferentes personas tienen una concepción radicalmente opuesta del mismo. Esto nos lleva a concluir que cada persona construye su realidad en base a sus percepciones, es decir, en base a sus valores y creencias.

En este sentido, lo más importante es tener claro que cada construcción de la realidad conlleva diferentes implicaciones, cosa que entenderás perfectamente a continuación.

ATRIBUCIONES Y ESTILO ATRIBUCIONAL

Las atribuciones son procesos cognitivos mediante los cuales damos explicación a los hechos que nos ocurren en nuestro día a día. O, en otras palabras, los procesos cognitivos a partir de los cuales construimos nuestra realidad. Así pues, una persona con cierto estilo atribucional va a construir una realidad diferente a otra con otro estilo atribucional, ante un mismo hecho objetivo.

Existe mucha teoría al respecto de los diferentes estilos atribucionales y sus implicaciones en el bienestar y la autoestima de las personas. A continuación me voy a centrar en dos de los estilos atribucionales que más impacto tienen en el desarrollo del talento deportivo.

1. ATRIBUCIONES DE CONTROL (LOCUS DE CONTROL)

Control interno: cuando atribuimos la responsabilidad de nuestros resultados deportivos a nadie ni nada más que a nosotros mismos. Por ejemplo: “He perdido el partido porque no he entrenado lo suficiente” o “He ganado el partido porque he estado entrenando bien”.

Control externo: cuando atribuimos la responsabilidad de nuestros resultados deportivos a factores externos que no controlamos. Ejemplo: “He perdido el partido porque el árbitro me ha perjudicado” o “He ganado el partido porque he tenido suerte”.

En lo que respecta a este tipo de atribuciones, es fácil darse cuenta que el estilo atribucional interno es el que más va a beneficiar el desarrollo del potencial deportivo, ya que implica centrarse en aquellos aspectos en los que realmente tenemos el control. Por tanto, el deportista con un locus de control interno va a gastar sus energías en trabajar para mejorar todo aquello que está a su alcance. En cambio, el estilo atribucional externo cumple la función de proteger nuestra autoestima ante las derrotas o fracasos, pero limita enormemente el desarrollo del talento.

Así pues, la promoción de este estilo atribucional en sus pupilos debería ser un objetivo prioritario para cualquier entrenador, sobre todo para el que trabaja con deportistas de categorías inferiores de edad. Esto es así porque es durante estas etapas iniciales en donde estos niños y niñas son más moldeables y se están formando también como personas.

También hay que tener en cuenta que estaremos remando en contra de la corriente cultural predominante en la mayoría de las sociedades socialdemócratas. Un contexto en el cual se tiende a sobreproteger y a buscar responsabilidades externas a los problemas.

2. ATRIBUCIONES TEMPORALES

Atribuciones estables: cuando atribuimos el resultado deportivo a factores inalterables en el tiempo. Ejemplos: “Mi revés a dos manos es un desastre. Nunca voy a ganar un partido” o “Soy muy bueno con la volea”.

Atribuciones inestables: cuando atribuimos el resultado deportivo a factores que pueden variar con el tiempo, es decir, que se pueden modificar. Ejemplos: “He estado muy mal con el revés a dos manos en este partido. En el próximo voy a hacerlo mejor” o “Me ha funcionado muy bien la volea en este partido. Veremos en el siguiente”.

En este caso el estilo atribucional más beneficioso es el estable cuando el resultado o el rendimiento es positivo, y el inestable cuando este es negativo.

Es positivo digerir los buenos resultados para que estos pasen a formar parte de nuestra autoimagen (“tengo un revés a dos manos muy bueno”). De esta forma vamos a ir construyendo una buena autoimagen que nos va a dar confianza a la hora de competir. Por el contrario, cuando el resultado es malo el estilo atribucional más beneficioso es el inestable (“hoy no he estado bien con mi revés a dos manos”), ya que esto va a dejar abierta la posibilidad de poder mejorar nuestro desempeño en un futuro.

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Películas no deportivas para deportistas y entrenadores

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Películas no deportivas para deportistas y entrenadores

Esta es una pequeña selección de películas que, sin tener una temática deportiva, ofrecen algún tipo de contenido relacionado con el rendimiento deportivo. Te invito a que las visualices teniendo en cuenta las reflexiones que te expongo a continuación:

1.       GATTACA (1997)

Una película de ciencia ficción que, con el paso de los años, cada vez se va alejando más de ese género y adopta tintes proféticos que la convierten en una obra de culto.

En un futuro lejano, la tecnología genética permite escoger los rasgos biológicos de los neonatos. Esa “calidad genética” es determinante a la hora de ocupar un determinado trabajo y pertenecer a cierto rango social. Vincent es uno de los últimos niños concebidos de forma natural que sueña desde pequeño con volar al espacio, cosa a priori imposible debido a su “pobre” herencia genética. A pesar de ello, Vincent hará todo lo posible por intentar conseguir su sueño.

Se trata de una película que pone en valor la importancia del trabajo y la actitud más allá del talento natural o el bagaje biológico que uno recibe al nacer. En el mundo del deporte tenemos muchos ejemplos de deportistas que, a pesar de no tener un talento innato como el de muchos de sus rivales, son capaces de llegar a lo más alto gracias a su ética de trabajo y su actitud. Tal y como reza la película: “No existe un gen para el espíritu humano”. Imprescindible.

2.       LA VIDA ES BELLA (1997)

Guido es un judío italiano que es internado en un campo de concentración nazi junto con su hijo. En ese momento hará todo lo posible para hacerle creer de que la terrible situación que están viviendo se trata de un simple juego.

Esta película es un excelente manual sobre cómo promocionar uno de los parámetros a los que más importancia suele darse en la psicología deportiva: la motivación. Como en el caso del protagonista, la persona que quiera motivarse, motivar a otra persona o motivar a un grupo, tiene que ser capaz de construir una realidad que resulte atrayente al que reciba su mensaje. En ese sentido, todas o casi todas las amenazas pueden ser redefinidas con un discurso que las construya como un reto a superar. De esta forma pasamos a centrar nuestra atención y nuestro trabajo en la forma como superar esta dificultad en vez de quedarnos paralizados en las posibles consecuencias negativas que nos puede acarrear.

3.       WHIPLASH (2014)

Andrew Neiman es un joven batería con ganas de triunfar en el jazz. Al ser elegido para formar parte de un conservatorio de música, su vida cambia radicalmente debido a los rigurosos métodos de enseñanza del profesor.

Este film aborda uno de los constructos que más influencia tienen en el rendimiento deportivo: la presión. Y lo hace de una manera que nos invita a reflexionar sobre los beneficios y los inconvenientes que puede ocasionar en las personas la exposición a dicha presión. Puedes profundizar en esa reflexión en el enlace al siguiente artículo, en el que expongo mi visión profesional al respecto: Aprende a competir con presión y mejora tu rendimiento.

Otro de los aspectos que la película pone encima de la mesa es el dilema moral de si el fin justifica los medios, un dilema también vigente en el mundo del deporte, en donde muchos deportistas o equipos deportivos han sido expuestos a condiciones extremas y a un trato inhumano con el objetivo de alcanzar la élite.

4.       DE LA CALLE A HARVARD (2003)

Liz Murray es una joven adolescente que vive con sus padres drogadictos en unas condiciones penosas. Después de una serie de acontecimientos se convierte en una “sin hogar” y, a pesar de ello, empieza a trabajar para terminar la escuela secundaria e ir a la universidad.

Uno de los mensajes más poderosos que obtenemos de esta historia basada en la vida real de Murray es la importancia del estilo atribucional en el desarrollo de las personas y por extensión de los deportistas. Como en el caso de Liz Murray, la persona con un estilo atribucional interno (o locus de control interno) es aquella que centra su atención y sus esfuerzos en mejorar o cambiar aquello que depende de ella directamente. Es decir, tiene el convencimiento de poder influir en el curso de los acontecimientos, por muy desfavorable y perjudicial sea la situación en la que le ha tocado vivir respecto a la de otros. Por tanto, no pierde tiempo y energía en lamentarse y quejarse de algo que escapa a su control. Observamos esto que comento en el siguiente pasaje de la película que transcribo a continuación:

Sabía que en ese momento debía decidirme. Podía rendirme ante todo lo que había pasado y vivir una vida de excusas, o podía esforzarme. Podía esforzarme y vivir bien”.

Liz Murray consiguió graduarse en Psicología por la Universidad de Harvard y es una reconocida escritora y conferenciante.

5.       LA VENGANZA DEL CONDE DE MONTECRISTO (2002)

Al igual que “El castigador”, “Kill Bill”, “V de Vendetta”, “El cuervo”, y muchas otras, se trata de películas cuyo argumento central es la búsqueda de venganza. Por tanto, sus protagonistas sufren una alteración emocional que pone a prueba su autocontrol. Así pues, deberán ser capaces de domar la impulsividad que les provoca la sed de venganza para poder llevar a cabo sus planes de forma más fría y calculada y no caer en la perdición.

En el ámbito deportivo vivimos muchas situaciones que nos provocan una alteración emocional y que va a requerir de autocontrol. El autocontrol es uno de los ingredientes necesarios para desarrollar nuestra inteligencia emocional. Debemos ser capaces gestionar estos estados emocionales para que no secuestren nuestra conducta y nos mantengamos en el control de la situación. Puedes profundizar sobre este aspecto en este artículo: Inteligencia emocional en el deporte. El autocontrol.

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Bases neurológicas del rendimiento deportivo

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Bases neurológicas del rendimiento deportivo

«No piensas. Es todo instinto. Si te paras a pensar, ya te has ido» – Sugar Ray Robinson.

Los aprendizajes que adquirimos durante los entrenamientos crean nuevos circuitos neuronales que finalmente conducen a una automatización de los movimientos. Estos circuitos quedan configurados principalmente en la zona del cerebro denominada corteza motoraNo se puede decir que hemos aprendido algo hasta que no lo hemos automatizado. Al automatizar una técnica, movimiento, reacción, etc., ya no tenemos que pensar conscientemente en cómo hacer la ejecución. Simplemente actuamos automáticamente sin pensar, tal y como explica el piloto de motocross Jorge Prado en el siguiente vídeo:

¿Por qué motivo es importante actuar de forma automática?

Los procesos cognitivos automáticos son los más rápidos y eficientes. Es decir, a partir de un estímulo se desencadena un movimiento sin la necesidad de poner en marcha un complejo proceso de pensamiento consciente. El deportista no tiene que pensar ni planificar nada (uso del lóbulo frontal del cerebro), con el correspondiente gasto psicológico, energético y de tiempo que esto supondría. Además, la automatización disminuye la tensión psíquica y permite al cerebro focalizarse en otros aspectos que pueden resultar más relevantes, como por ejemplo estar atento a nuevos estímulos, a la táctica utilizada, a evaluar las reacciones de los rivales, etc. En el vídeo expuesto, el piloto puede utilizar sus recursos cognitivos a prestar atención a los nuevos desafíos que propone el circuito por el que está entrenando o compitiendo, gracias a que su técnica de conducción está automatizada.

A mayor calidad de entrenamiento (en cuanto a tiempo dedicado, correcta adquisición de la técnica, variabilidad de escenarios…) mejor automatización y capacidad de responder a diferentes situaciones competitivas de forma automática. En ese sentido, la repetición de movimientos, reacciones o actitudes es la base de la automatización, pero debemos movernos en un ambiente lo suficientemente rico y variable para que esta automatización no sea contraproducente. Esto es básico para que no se produzca una automatización totalmente cerrada o estereotipada, es decir, absolutamente desconectada de la zona pensante del cerebro (lóbulo prefrontal), ya que conduciría a una falta de capacidad de adaptación a nuevos ambientes.

El gran enemigo de la automatización adquirida es la ansiedad. La aparición de ansiedad conlleva un cambio en los mecanismos cognitivos que regulan nuestro comportamiento. Se activa el lóbulo frontal del cerebro y empezamos a pensar en lo que estamos haciendo, cosa que interfiere en los circuitos neuronales integrados en la corteza motora creados a partir de horas y horas de entrenamiento. Ello se traduce en una pérdida de calidad de los movimientos y de la técnica. Para profundizar en este aspecto debes leerte el siguiente artículo: Ansiedad al competir.

También hay que tener en cuenta que la automatización conlleva un gran peligro a nivel psicológico. Abre la puerta a la distracción. Si el ambiente en el que nos movemos nos es familiar (sin estímulos nuevos) y nuestro nivel de activación es bajo, entonces fácilmente saldremos del presente y nos pondremos a pensar en otros aspectos no relacionados con la actividad que estamos llevando a cabo. El ejemplo más claro de lo que comento es la distracción que todos hemos sufrido en algún momento al desplazarnos en coche a lo largo de un trayecto habitual. Los procesos cognitivos automáticos son tan eficientes que hemos sido capaces de llegar a nuestro destino a pesar de tener nuestra conciencia divagando libremente por el hiperespacio mental.

Estas dos interferencias sobre el rendimiento deportivo, ansiedad y distracción, aparecen cuando nos encontramos en un nivel de activación inadecuado. Ansiedad cuando estamos demasiado activados, y distracción al estar demasiado relajados.

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En definitiva, uno de nuestros objetivos como deportistas va a ser el de conseguir una automatización de la técnica que sea de calidad, por un lado, y el de ser capaces de regular nuestro nivel de activación para no salir del presente, por el otro. Esto nos abrirá las puertas a la experiencia deportiva por excelencia, el estado de flow, entendido como el estado mental en el cual estamos totalmente inmersos en una actividad.

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Inteligencia emocional en el deporte. El autocontrol

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Inteligencia emocional en el deporte. El autocontrol

En los años 60 del siglo pasado, el psicólogo Walter Mischel ideó un experimento social al que se ha acabado popularizando como el “Test de las golosinas”. Consistía en ofrecer una golosina a niños de 4 años, indicándoles que podían comérsela al momento o esperar unos minutos y comerse 2. En el grupo de estudio hubo niños que sucumbieron a la tentación y otros que consiguieron controlar sus impulsos y obtuvieron la doble recompensa. El profesor Mischel realizó un seguimiento de estos mismos niños durante más de 40 años y llegó a la conclusión de que los que habían esperado a la segunda golosina se habían convertido, en términos generales, en personas más competentes a nivel académico y laboral, y poseían mejores habilidades sociales para relacionarse.

El valor que se pone a prueba mediante este experimento es el control emocional o autocontrol. Por tanto, los resultados del experimento nos llevan a deducir que se trata de un valor positivo para el desarrollo de las personas. Así pues, seguramente la carencia de autocontrol sea uno de los aspectos que más va a lastrar el futuro de la generación millennial, acostumbrada a la satisfacción inmediata de sus deseos y que a menudo comete el error de equiparar impulsividad con sinceridad.

El autocontrol es uno de los ingredientes necesarios para desarrollar nuestra inteligencia emocional, entendida como la capacidad de comprender y gestionar nuestros estados emocionales. En el ámbito deportivo la inteligencia emocional va a ser una cualidad que juegue siempre a nuestro favor. Una correcta educación emocional desde las categorías inferiores  va a contribuir a su desarrollo.

¿Significa esto que competir en estado emocional es algo perjudicial? No necesariamente. Las emociones son inherentes a la naturaleza humana y, por esta razón, no debemos negarlas pero sí aprender a identificarlas y controlarlas. En consecuencia, el fortalecimiento del control emocional debe basarse en:

  1. Entender cuál es la función evolutiva de cada una de las emociones básicas (miedo, tristeza, alegría, sorpresa, disgusto, ira) y por qué motivo las experimentamos en determinadas situaciones competitivas.
  2. Ganar capacidad de autoconocimiento de las emociones en el momento en que las estamos sintiendo. Reconocer los estados emocionales por los que estamos pasando es algo crucial para no acabar siendo esclavos de ellos.
  3. Aprender y entrenar habilidades de autocontrol como el desarrollo de la capacidad de concentración y atención mediante técnicas de meditación.

A modo de ejemplo, la rabia o ira es una emoción con la función evolutiva de prepararnos para la acción. Aumenta la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la secreción de adrenalina. Cuando la experimentamos corremos el riesgo de sufrir una especie de “rapto emocional”, en donde las estructuras más primitivas de nuestro cerebro toman protagonismo y actuamos como si no tuviéramos conciencia de lo que estamos haciendo.

Un luchador movido por la rabia incontrolada puede ser un blanco fácil para su rival, ya que su ímpetu por atacar puede acarrear debilidades en su defensa. Muestra de ello es la pelea entre José Aldo vs. Conor McGregor, en la que este último vence en 13 segundos un rival imbatido durante 10 años.

En cambio, un luchador que siente ira y que es consciente de ello es tremendamente peligroso, puesto que compite con un “chute” extra hormonal y, además, no son las estructuras cerebrales primitivas (sistema límbico) las que secuestran su conducta sino que se encuentra en el control de la situación, gracias al uso de los sistemas cognitivos superiores (corteza prefrontal y corteza motora). En este sentido, Joe Frazier consiguió ganar la “pelea del siglo” ante Muhammad Ali impulsado por la rabia que sentía hacia su oponente, que le había provocado e insultado reiteradamente antes del enfrentamiento. Frazier fue capaz de utilizar esta rabia sin que ella le dominara. En el siguiente vídeo vemos el momento en el que Frazier tuba a su rival, y a continuación vemos a Ali explicando cómo, mediante provocaciones, consiguió que George Foreman perdiera el autocontrol para ganar otra pelea histórica:

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Otro ejemplo. En deportes de resistencia a menudo vemos a competidores que en algún momento todavía inicial de la carrera experimentan buenas sensaciones y deciden subir el ritmo, pasándoles esto factura al final de la prueba. En este caso es como si se hubieran comido la primera golosina del experimento de Mishel, puesto que no han sido capaces de controlar un estado emocional en el que sienten cierta euforia y no se guardan las fuerzas para el tramo definitivo en donde se suele decidir todo.

Para poder entender lo que aquí se expone hay que tener en cuenta que las estructuras más primitivas de nuestro cerebro son las primeras en evaluar los estímulos recibidos (a los 125 milisegundos) y, posteriormente, las funciones cognitivas superiores (entendimiento, planificación, gestión de pensamientos…) procesan la información (a los 500 milisegundos). El sistema límbico (amígdala) desencadena una reacción impulsiva, y luego el lóbulo prefrontal del cerebro modula la respuesta para que sea más analítica y proporcionada a la situación.

Este patrón que acabo de comentar lo va a experimentar cualquier deportista en situaciones competitivas, sea cual sea su modalidad deportiva. El trabajo que sea capaz de hacer aumentar la capacidad de autoconocimiento de las emociones va a significar una mayor destreza a la hora de modular nuestras reacciones, ya que reconocer la emoción que estamos sintiendo ya implica conectar las estructuras cognitivas superiores a las que hacía referencia.

A modo de conclusión, entonces, se puede afirmar que el desarrollo del autocontrol y la inteligencia emocional en su conjunto es un aspecto muy beneficioso a tener en cuenta para mejorar el rendimiento deportivo.

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Aprende a competir con presión y mejora tu rendimiento

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Aprende a competir con presión y mejora tu rendimiento

La presión crea diamantes” – Conor McGregor.

A lo largo de sus investigaciones, el matemático Alan Schoenfeld solía grabar a personas intentando resolver problemas para así analizar las estrategias que utilizaban. Schoenfeld se dio cuenta de que la mayoría de sus estudiantes pedían ayuda o se daban por vencidos antes de haber estado 5 minutos buscando la manera de resolverlos, siendo la media de unos 2 minutos tan solo. Según el catedrático, esta es una actitud que limita enormemente el desarrollo de las capacidades de los alumnos.

Este hecho constatado por Schoenfeld se encuentra íntimamente ligado a alguno de los rasgos característicos de la sociedad occidental actual, sobre todo a la generación «millennials», acostumbrada a la gratificación inmediata. Uno de estos rasgos es el hedonismo, es decir, la tendencia a buscar el placer y el bienestar, así como a evitar el dolor. En el ejemplo expuesto, por tanto, los estudiantes tienen poca tolerancia a las sensaciones que provoca la frustración de no poder resolver un problema fácilmente desde el inicio. Al tener poca capacidad para gestionar o sufrir esas sensaciones, optan por abandonar o pedir ayuda enseguida.

Esto mismo ocurre con otras emociones, sentimientos o sensaciones que consideramos negativas, como por ejemplo el miedo o la tristeza. Estos estados emocionales son inherentes a la vida. Tarde o temprano los vamos a sentir en algún momento. A pesar de ello, es algo que nos cuesta aceptar y a menudo actuamos intentando anular o evitar este aspecto consustancial a la naturaleza humana, en lo que supone una especie de tiranía de la actitud positiva.

En lo que respecta al ámbito deportivo también ocurre algo parecido. Existe la tendencia a concebir la presión competitiva como algo negativo, por lo que se entiende que hay que buscar estrategias para quitar presión al deportista. Esta aproximación es bienintencionada y puede ser la adecuada en algún momento, pero carece de profundidad.

Cuando nos enfocamos a quitar presión al deportista estamos enviando el mensaje implícito de que competir con presión es malo. Por tanto, cuando una competición nos genere presión deberemos quitárnosla de alguna forma si es que lo queremos hacer bien. Esta construcción de la realidad competitiva va a implicar que la presión limite nuestro rendimiento.

Lo mismo ocurre con el miedo. Desde pequeños nos dicen en ciertos momentos: “Hazlo sin miedo”. De esa forma se nos graba en el inconsciente que las cosas solo deben hacerse cuando no se tiene miedo. El problema es que todas aquellas situaciones que son nuevas para nosotros, las que nos sacan de nuestra zona de confort y van a hacernos crecer, nos generan cierto miedo. Es así como está diseñado nuestro organismo. Hacer las cosas a pesar del miedo es lo que marca la diferencia.

¿Qué pasa con la presión? ¿Crees que no la sienten los jugadores antes de salir campo en una final de Champions? ¿Crees que todos los deportistas olímpicos duermen bien el día antes de entrar en competición?

Así es. Tampoco hace falta buscar ejemplos de situaciones tan evidentes en la élite. Si eres deportista ya lo sabes. Tarde o temprano vas a notar la presión en tus carnes, porque es algo inherente a la competición. Entonces, ¿por qué motivo centrarse en intentar evitar lo inevitable? ¿No sería más productivo exponerse a ella y aprender a gestionar la ansiedad competitiva?

Los mejores deportistas se caracterizan por saber desenvolverse bajo situaciones de extrema presión competitiva. No es que sean los mejores porque no sienten la presión. Lo son porque la saben gestionar. Incluso algunos no conciben la presión como algo negativo, sino que es algo que “les pone” y les sirve para sacar lo mejor de sí mismos. En ese sentido, la forma como construyamos este fenómeno es lo que va a determinar nuestras sensaciones y manera de actuar.

Muhammad Ali confesó tiempo después del combate ante Sonny Liston que estaba totalmente aterrorizado por su rival. A pesar de ello salió al ring y dio lo mejor de sí para sacudir al mundo. Manel Estiarte explica que vomitaba antes de todos los partidos importantes, y a pesar de ello se tiraba a la piscina y demostraba quien era el mejor jugador de waterpolo que nunca se había visto. El gimnasta Gervasio Deferr estuvo a punto de desmayarse minutos antes de salir a ejecutar su rutina de suelo en los Juegos Olímpicos de Pekín. No había podido dormir las dos noches anteriores y, a pesar de eso, en el último momento supo gestionar la situación y salir con confianza para ganar la medalla de plata.

La fortaleza psicológica no se gana compitiendo SIN (presión, miedo, dolor, sufrimiento…). Progresivamente se va ganando compitiendo A PESAR DE.

Quédate con esto: “…mientras das muestras de resistencia, tu cabeza se fortalece”. Cuantas más sensaciones desagradables seas capaz de exponerte y gestionar, más te vas a fortalecer psicológicamente.

Y acabo con una anécdota de Muhammad Ali que resume el mensaje expuesto en este artículo. Una vez le preguntaron a Ali cuantos abdominales hacía, a lo que él respondió: “No cuento los abdominales que hago. Solo empiezo a contar cuando empieza a doler. Ahí es cuando empiezo a contar, porque son los que realmente cuentan. Esto es lo que te convierte en campeón”.

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La motivación está sobrevalorada

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La motivación está sobrevalorada

Nos encantan los vídeos motivacionales. Las frases del tipo “Tu puedes conseguir todo lo que te propongas” o “Creer es poder”. Las marcas de ropa deportiva lo saben y enfocan sus comerciales a provocarnos este sentimiento. Quieren que asociemos su marca con la imagen de fortaleza y superación, y de esta forma compremos sus productos.

Cuando estamos motivados todo es más fácil. Es un aspecto básico a tener en cuenta y a promocionar sobre todo en el trabajo con grupos. La motivación suele venir de tener unos objetivos claros para los cuales estamos trabajando o, simplemente, de disfrutar de lo que hacemos. El problema es que la motivación nunca es permanente. Es la chispa que enciende la mecha de la acción o del cambio, pero en algún momento se volatiliza. A lo largo del camino planeado suelen aparecer trabas que alteran nuestro estado de ánimo. Malos resultados, lesiones, problemas personales…

Y es en estos momentos de bajón donde entra en juego un valor que se encuentra ciertamente a la baja en este siglo XXI: el COMPROMISO. Algunos estudiosos han observado que los chicos y chicas de la generación llamada “millenial” (nacida entre 1985 y el 2000 aproximadamente) esperan conseguir todo lo que quieren inmediatamente y con facilidad, porque toda su vida han estado acostumbrados a la gratificación instantánea. Al depender de estímulos externos inmediatos, se frustran y desmotivan enseguida cuando no los obtienen.

Soy de la opinión de que la motivación está sobrevalorada y el compromiso infravalorado. La motivación es impermanente. El compromiso, si es verdadero, NO.

navratilovaEl compromiso crea unos hábitos inquebrantables, y esos hábitos forjan un carácter fuerte. Los días de lluvia, las décimas de fiebre, la tristeza de una reciente derrota deportiva, o la muerte de nuestro amado perro no son motivos suficientes para saltarse un entrenamiento. Es ahí donde se moldea el gran competidor, precisamente en los momentos en los que no se está motivado.

La motivación nos ayuda a superar límites, sí. Pero es el trabajo silencioso, la persistencia, y el esfuerzo realizado en momentos de desánimo lo que marca las diferencias.

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Autorrealización deportiva (2ª parte). El desarrollo de la singularidad deportiva.

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Autorrealización deportiva (2ª parte). El desarrollo de la singularidad deportiva.

alejandro-jodorowskymicrocuentos-71-638Los investigadores George Land y Beth Jarman llevaron a cabo un famoso estudio longitudinal entre los años 1968 y 1985. Administraron a 1.600 niños de 3 a 5 años un test para evaluar su creatividad (pensamiento divergente). El test consistía en encontrar múltiples soluciones alternativas a un problema concreto. El mismo test se repitió cuando los niños tuvieron 10 años y nuevamente a los 15 años. Los investigadores también evaluaron 2.000 adultos mayores de 25 años. Los resultados fueron sorprendentes:

  • Niños de 3 a 5 años: 98% de puntuaciones a “nivel de genio” en pensamiento divergente.
  • Con 10 años: 32% de puntuaciones a ese nivel.
  • Con 15 años: 12%
  • Adultos: solamente un 2% logró ese nivel.

¿Cómo se pueden interpretar esos resultados? ¿Por qué motivo perdemos nuestra creatividad a medida que avanzamos hacia la adultez?

La hipótesis más aceptada relaciona este hecho con la entrada del niño/a al sistema educativo y al proceso de socialización, en donde se imponen normas y regulaciones. Cuando somos niños tenemos una gran creatividad, en cuanto a ideas y a forma de expresarnos. Luego el entorno nos va educando en lo que se supone que está bien o está mal para que encajemos en la “normalidad” de la sociedad, y ello supone que vayamos perdiendo esa creatividad.

Hay que tener en cuenta que las bases del sistema educativo actual fueron diseñadas hace unos 200 años durante la Revolución Industrial, cuando se buscaba trabajadores con conocimientos específicos, que supieran memorizar y seguir unas instrucciones. Así pues, durante su periodo educativo los niños aprenden que los problemas tienen una sola solución correcta, son penalizados cuando sus respuestas y su forma de ser no es la esperada, y aprenden que equivocarse es malo y que por eso es mejor no arriesgarse y amoldarse al sistema.

sistema educativoEn definitiva, hasta el momento la educación formal en general no ha conseguido potenciar la creatividad y la singularidad de los alumnos, al contrario, ha demostrado ser una implacable herramienta de uniformización de personas. Posiblemente no sea casualidad que muchas de las personas más ricas del planeta que lo son por desarrollar sus ideas innovadoras (Microsoft, Ikea, Facebook, Inditex), no se caractericen precisamente por su nivel de estudios.

El mundo ha cambiado. El hecho de tener conocimientos o de saber memorizar teoría no te garantiza un buen desarrollo profesional. Ya no es necesario “empollar” información. El Sr. Google nos la ofrece con un solo “clic”. El entorno actual requiere a menudo de personas que sepan innovar, ofrecer su propia visión de las cosas y encontrar soluciones originales a los problemas de la vida, que sepan moverse en ambientes cambiantes, trabajar en equipo…

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No me malinterpreten. No estoy diciendo que todo sea perjudicial en el sistema educativo. Tenemos el gran beneficio de recibir, durante los años de escolarización, unos conocimientos que la humanidad ha tardado siglos y siglos en crear. Eso sí, el precio de aprender todas esas “verdades”, de la forma como se aprenden, puede suponer que perdamos la motivación por crear nuestra propia visión de la realidad (tener nuestra propia visión no significa negar las demás, sino tener la mente abierta para aprender de ellas y digerirlas a nuestra manera).

¿Puede extrapolarse ese argumento al entorno deportivo? Por supuesto que sí. Cuando aprendemos las bases de nuestro deporte tenemos unos entrenadores o maestros que nos enseñan unas pautas y técnica concretas. A menudo nos corrigen cuando la ejecución de los movimientos no es la esperada según su forma de entender un deporte concreto. Nos ofrecen  los valiosos conocimientos que ellos mismos recibieron algún día y que han ampliado gracias a su experiencia. Pero esta es SU VISIÓN del deporte, y existe el gran peligro de que el alumno desarrolle sus capacidades limitado por una visión que no es la suya propia. El resultado vuelve a ser una pérdida de creatividad y de capacidad de buscar sus propias ideas y soluciones.

El mundo del deporte también va cambiando. Cada vez hay más competencia y deportistas mejor preparados en todos los aspectos. El hecho de tener un buen entrenador, buen material, seguir un plan nutricional, dedicar muchas horas a entrenar, tener buena técnica…, posiblemente no te dé la misma ventaja que te daba eso mismo hace unos años, ya que muchos otros deportistas también van a trabajar en estas condiciones. Entonces hay que encontrar otros aspectos que te den ventaja ante tus rivales.

¿Qué es aquello que te puede dar ventaja sobre los rivales? Pues es aquello que solamente tú puedes ofrecer, por el mero hecho de ser una persona individual. El ser humano es un organismo increíblemente complejo. Tenemos multitud de características que nos definen y que nos diferencian del resto, e incluso podemos crear y desarrollar de nuevas. Estas características diferenciales son las que crean nuestra SINGULARIDAD como personas, y también son las que vamos perdiendo a lo largo de la etapa educativa, por los motivos que he expuesto anteriormente.

Por tanto, una de las cosas que podemos hacer para sentirnos realizados deportivamente es tomar conciencia de aquellos aspectos en los que somos únicos, y trabajar para potenciarlos. Hay una frase autoafirmativa que sugiero a mis clientes para desarrollar su singularidad deportiva:

“Nadie puede decir que soy como los demás, porque no es verdad. Soy diferente”.

Y a partir de Carles Puyolaquí se puede ampliar la frase de muchas formas más detalladas, en función de cada persona: “Me muevo diferente, mi técnica de tiro es diferente, mi capacidad de sacrificio es única, mi táctica de juego es diferente, nadie tiene el “dribling” que yo tengo”, etc. (pueden ser multitud de características). Cuando seamos capaces de decirnos estas afirmaciones y sentirlas como verdad, significará que hemos sido capaces de desarrollar nuestra propia singularidad como deportistas.

Tal y como dicen los profesionales del marketing “muchas veces es mejor ser diferente que ser el mejor”, y creo que esto también es aplicable en el deporte. El hecho de conocer y desarrollar aquellas cosas en las que sabemos que somos diferentes a los demás nos da una ventaja competitiva ante nuestros rivales, puesto que no tienen las características singulares que nosotros hemos potenciado.

Además, estaremos ofreciendo a nuestro entorno algo que solamente nosotros podemos ofrecer: nuestra singularidad como deportistas y como seres humanos.

«Lo que más te hace falta en el mundo es lo que tú has venido a darle». (Alejandro Jodorowsky).

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Autorrealización deportiva (1ª parte). Los objetivos.

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Autorrealización deportiva (1ª parte). Los objetivos.

Existe una teoría, plasmada en la famosa pirámide de Maslow, según la cual las personas, a medida que satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide).

Pirámide de Maslow (versión siglo XXI) :) :piramide_maslow- sXXI

A lo largo de la historia de la humanidad, el objetivo vital de las personas ha ido cambiando. Una vez se fueron cubriendo las necesidades más primarias de supervivencia, otros objetivos y necesidades fueron ganando protagonismo (tener amistades, un trabajo que genere satisfacción, sentirnos queridos, etc.).

Hoy en día nos encontramos en una sociedad en donde el objetivo vital principal en muchas personas es el de sentirse feliz y realizado en las diferentes facetas de su vida (en el trabajo, relaciones personales, etc.). Así pues, los practicantes de deportes no quedamos ajenos a esta necesidad de dar un sentido a nuestra práctica deportiva y sentirnos realizados con ella.

A continuación voy a explicar en base a mi propia experiencia deportiva cual es el primer componente para alcanzar lo que podríamos llamar “Autorrealización deportiva”:

enric parnauA los 3 años mis padres me apuntaron a un cursillo de natación y ya no dejé este deporte hasta los 16-17 años aproximadamente, cuando ya me pasé exclusivamente al waterpolo. Durante todos estos años compitiendo en natación obtuve buenos resultados en general. Mis mayores logros fueron ganar algunas pruebas en varios campeonatos de Cataluña de categorías, así como un bronce en unos campeonatos de España con la selección catalana.

A pesar de ello, creo que nunca (o en contadas ocasiones) tuve la sensación de haberlo dado todo en la piscina, ni de haber disfrutado de la competición. Tenía cualidades y por esta razón las marcas eran mejores a la media pero, echando la vista atrás, sé que no conseguí dar el 100% de mí mismo. Ya fuera por falta de madurez o por debilidad psicológica, las competiciones en general y campeonatos importantes me estresaban y nunca tenía las ganas de competir y de ir a por ello con todo.

Por este motivo, por notar que algo había faltado, a los 28 años me picó el gusanillo y volví a entrenar por mi cuenta para volver a competir en un par de campeonatos. Pero ahora mi actitud y mi mentalidad eran diferentes. Ahora tenía ganas de competir y de disfrutar. Ya no había dudas, miradas temerosas a los rivales, inseguridad. Estaba centrado en mí y sabía que lo daría todo y lo disfrutaría al máximo. En realidad la competición era casi un puro trámite. Saldría lo que tenía que salir porque el trabajo ya estaba hecho y la mentalidad era la correcta. (Este es el estado mental más adecuado en los momentos previos a competir).

Evidentemente, los resultados fueron buenos tal y como esperaba (vídeo friki de los campeonatos de España). Pero lo importante, más allá de las marcas o la posición, fue que me sentí en paz conmigo mismo por haber dado todo lo que tenía y haber disfrutado de la competición al máximo. Me sentí REALIZADO como nadador.

Así pues, en mi caso el hecho de sentirme realizado deportivamente estaba relacionado con ser capaz de sacar el 100% de mi potencial. Pero esto es algo que va a variar en función de los OBJETIVOS de cada persona. Es decir, habrá quien se sienta satisfecho o realizado mejorando su estado de salud, adelgazando, ganando una medalla, pasando un buen rato con amigos, consiguiendo una marca, siendo profesional, etc.

De igual manera, establecer unos objetivos a corto y largo plazo y de dificultad progresiva es un método efectivo para mejorar el rendimiento del deportista, así como una excelente técnica de motivación.

Todos los objetivos son válidos y respetables, y pueden ir variando. Eso sí, hay que tener en cuenta que algunos van a depender básicamente de nosotros mismos y otros van a depender de otras personas. No es lo mismo que nuestro objetivo sea conseguir un determinado registro en una prueba atlética, que ganar la prueba o una medalla. En el primer caso, el objetivo dependerá de nuestro estado físico, cualidades, entrenamiento…; mientras que en el segundo caso también dependerá del desempeño de los demás competidores.

En resumen, el primer componente esencial a la hora de sentirnos realizados con nuestro deporte va a estar relacionado con tener unos objetivos claros de lo que buscamos con la práctica deportiva, y que nuestro desempeño se encuentre alineado con estos objetivos.

Pero, desde mi punto de vista, hay también otro componente que no se suele tener en cuenta y al que le doy mucha importancia a la hora de sentirnos plenamente satisfechos con nuestro deporte. Me refiero a la capacidad de desarrollar y expresar nuestra propia singularidad como deportistas. Y este es un aspecto que analizo en la segunda parte de este artículo.

 

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¿Está sobrevalorada la humildad en el deporte? (+18)

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¿Está sobrevalorada la humildad en el deporte? (+18)

Muhammad Ali Aviso: Artículo no apto para niñ@s. Este artículo no pretende ser una apología de la falta de humildad. Solamente pretende ser una reflexión que se salga de los cánones políticamente correctos en los que a veces nos encontramos inmersos.

¿Qué tienen en común Muhammad Ali, Michael Jordan, Jorge Lorenzo, Mike Tyson, Cristiano Ronaldo, Usain Bolt, Floyd Mayweather, Maradona, Serena Williams, Michael Phelps, Garry Kasparov, Pelé, Lebron James, y Ronda Rousey? Pues que, además de ser grandes deportistas, se han caracterizado por autoproclamarse en algún momento como los mejores en su disciplina.

Cuando nos ponemos a analizar la personalidad de los deportistas más destacados de la historia uno puede darse cuenta de algo sorprendente: muchos de ellos no son precisamente un ejemplo de humildad. De hecho el porcentaje de grandes deportistas “no humildes” es sospechosamente alto. Y más teniendo en cuenta que esa actitud está penalizada socialmente (recuérdese el revuelo que provocó el “Soy rico, guapo, y un gran jugador” de Cristiano Ronaldo).

La humildad tal y como la entendemos nosotros es la característica propia de las personas que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de las cualidades que posean o los logros que hayan conseguido.

En nuestra sociedad imperan unas expectativas sobre cómo es preferible o adecuado que se comporten las personas. Es lo que llamamos valores y entre ellos la humildad es uno de los que tiene mayor consideración. Por ese motivo los deportistas (o entrenadores como por ejemplo Mourinho) que proclaman la bondad de sus cualidades suelen despertar antipatía en mucha gente a pesar de que realmente hayan demostrado ser buenos, ya que con esa actitud están rompiendo una norma social o cultural por la que se rige nuestro comportamiento.

Así pues, la humildad es un valor que se intenta fomentar en los niños, ya que todos estaremos de acuerdo en que es muy positivo para su desarrollo. Con ello aprenden a no infravalorar a nadie, respetar a los demás, aprender a perder, y a reconocer aspectos a mejorar, por ejemplo.

Pero, ¿y en la edad adulta? ¿Cuándo ya poseemos madurez intelectual sigue siendo perjudicial creerse bueno en el desempeño de alguna actividad?

Yo pienso que tiene algunos inconvenientes pero también alguna gran ventaja. Por ejemplo, la falta de humildad, es decir, sentirse mejor que la media en algún aspecto, nos da la posibilidad de poder construir una buena autoimagen de nosotros mismos. ¿Es posible tener un buen autoconcepto sin creerse bueno en algo? No, ¿verdad? Es difícil tener confianza  en uno mismo sin tener un buen autoconcepto. Y es difícil tener un buen desempeño y disfrutar de nuestro deporte sin confianza.

Otra posible ventaja es que la falta de humildad obliga a trabajar duro para poder estar al nivel que uno presupone que tiene ya que, de lo contrario, uno quedaría “retratado” como un fanfarrón ante sí mismo y ante los demás. La falta de humildad añade presión al deportista, cosa que puede beneficiarle o perjudicarle en función de su forma de ser y de sus creencias. De hecho, los grandes atletas que he citado al inicio del artículo se han caracterizado precisamente por saber gestionar las situaciones de presión, cosa que encaja con su personalidad “no humilde”.

Evidentemente la falta de humildad también tiene sus peligros, como por ejemplo la posibilidad de subestimar a los demás. Otro gran inconveniente es la penalización social que comporta una actitud considerada como arrogante, tal y como ya he comentado. Por ese motivo, seguramente muchos deportistas de forma muy inteligente adoptan una actitud de falsa humildad. Es decir, creerse buenos pero no expresarlo públicamente. ¿Alguien cree que Leo Messi o Roger Federer no se sienten como unos de los mejores de la historia a pesar de no afirmarlo cuando se les pregunta?

¿Qué es eso del mindfulness? Aplicaciones en la vida y en el deporte

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¿Qué es eso del mindfulness? Aplicaciones en la vida y en el deporte

mindfulnessA lo largo de los últimos años se ha hecho muy popular el uso del mindfulness en el ámbito del bienestar personal, pero mucha gente no sabe en qué consiste ni entiende en qué se basa esta metodología. A continuación intentaré explicarlo de la forma más sencilla posible.

A grandes rasgos podríamos decir que en las sociedades occidentales las personas solemos relacionar el hecho de obtener felicidad o bienestar con conseguir cosas u objetivos. Es decir, pensamos que cuando consigamos ciertas cosas seremos más felices. En cambio, en las culturas orientales a menudo se tiene otra visión del bienestar, que tiene más en cuenta saber apreciar el presente, aceptar las situaciones que nos toca vivir y ser conscientes de que todo es temporal. El objetivo del mindfulness debe situarse dentro de ese contexto filosófico oriental.

El mindfulness o atención plena es una práctica que está basada en un tipo de meditación budista. Se podría definir como una meditación adaptada a la sociedad occidental y desprovista de cualquier misticismo o significado religioso. Básicamente consiste en observar ciertas sensaciones corporales sin juzgarlas ni reaccionar a ellas con ningún pensamiento, sentimiento o emoción. Así, se trata de un entrenamiento mental destinado a enfocarse en el presente, aceptándolo tal y como es. Un ejemplo sería cerrar los ojos y concentrarse en la respiración. Observar cómo entra y cómo sale el aire de las fosas nasales, sin hacer caso a los pensamientos que vayan surgiendo en nuestra cabeza.

mindfulness¿Cómo nos puede ayudar eso? Pues bien, estaréis de acuerdo conmigo en que vivimos en una sociedad en donde continuamente estamos expuestos a multitud de estímulos (televisión, emails, llamadas, mensajes de WhatsApp, etc.). Tenemos tantas cosas en la cabeza que a menudo nos es muy difícil concentrarnos en una tarea concreta. Nos hemos acostumbrado a estar atentos parcialmente, a las distracciones, y a hacer muchas cosas a la vez. Eso nos provoca estrés y dificultades para disfrutar del presente.

Es por eso que la práctica del mindfulness puede ser muy beneficiosa, y especialmente en personas que sufren de ansiedad o depresión. Cuando estamos ansiosos tenemos en la cabeza pensamientos y preocupaciones por cosas que pueden pasar en el futuro. Y cuando estamos tristes solemos dar vueltas continuamente a situaciones del pasado. Por lo tanto, lo que persigue esta práctica es romper estos patrones de pensamiento que nos provocan sufrimiento, entrenando el cerebro para que se centre en el presente y huya del hábito de dar vueltas y vueltas a las cosas dentro de la cabeza. Dicho de otra forma, se busca que seamos conscientes de la realidad del momento presente que estamos viviendo, pero sin quedar atrapados en los pensamientos y las reacciones emocionales que esta situación nos provoque.

Mindfulness y deporte

Otra de las aplicaciones que tiene la práctica del mindfulness se encuentra en el ámbito del deporte. Dependiendo de qué tipología de deporte se trate, la meditación nos puede aportar unos beneficios determinados:

  • Mejorar la concentración: muchos deportes requieren de una concentración muy focalizada en determinados momentos. El entrenamiento en atención plena nos ayuda a reforzar nuestra habilidad para evitar distracciones.
  • Estado de flow: es un aspecto muy relacionado con la concentración. Se llama flow o flujo al estado mental en el cual nos encontramos totalmente enfocados en una tarea, con un sentimiento de control de la situación muy acusado (no hay que olvidar que se trata de un constructo). En ese estado nos encontramos fusionados con el presente, disfrutando del momento sin experimentar una sensación de esfuerzo. La práctica del mindfulness pretende desarrollar nuestra capacidad de sentir el presente y experimentar el estado de flujo.
  • Gestión de las emociones: hay deportes, como por ejemplo el tenis o el pádel, que son unas auténticas montañas rusas emocionales, ya que continuamente se alternan aciertos y errores que pueden afectar nuestro rendimiento si nos quedamos “enganchados” en ellos. La meditación va a ayudar a que nos centremos en el presente y a que las emociones no nos dominen.
  • Gestión del dolor: el dolor es una sensación corporal que nuestro cerebro interpreta como aversiva. Ciertamente se puede diferenciar entre la sensación y la valoración que hacen de ella nuestros procesos mentales (en el sadomasoquismo, por ejemplo, sus practicantes se entrenan o se predisponen mentalmente para que el dolor genere placer). Con la práctica de la meditación se pretende observar la sensación tal y como es, sintiendo el dolor sin hacer ningún juicio, ni como algo agradable o desagradable. Es decir, sentir el dolor (que no tendríamos que definir como dolor) sin sufrir dolor.
  • Disfrutar del deporte: cuando practicamos nuestro deporte sin tener que batallar con pensamientos intrusivos, sin sentirnos arrastrados por el vaivén de las emociones y, en definitiva, con una sensación de control mental, la práctica es mucho más gratificante y motivadora.

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