Inteligencia emocional en el deporte. El autocontrol

Inteligencia emocional en el deporte. El autocontrol

En los a√Īos 60 del siglo pasado, el psic√≥logo Walter Mischel ide√≥ un experimento social al que se ha acabado popularizando como el ‚ÄúTest de las golosinas‚ÄĚ. Consist√≠a en ofrecer una golosina a ni√Īos de 4 a√Īos, indic√°ndoles que pod√≠an com√©rsela al momento o esperar unos minutos y comerse 2. En el grupo de estudio hubo ni√Īos que sucumbieron a la tentaci√≥n y otros que consiguieron controlar sus impulsos y obtuvieron la doble recompensa. El profesor Mischel realiz√≥ un seguimiento de estos mismos ni√Īos durante¬†m√°s de 40 a√Īos y lleg√≥ a la conclusi√≥n de que los que hab√≠an esperado a la segunda golosina se hab√≠an convertido, en t√©rminos generales, en personas m√°s competentes a nivel acad√©mico y laboral, y pose√≠an mejores habilidades sociales para relacionarse.

El valor que se pone a prueba mediante este experimento es el control emocional o autocontrol. Por tanto, los resultados del experimento nos llevan a deducir que se trata de un valor positivo para el desarrollo de las personas. Así pues, seguramente la carencia de autocontrol sea uno de los aspectos que más va a lastrar el futuro de la generación millennial, acostumbrada a la satisfacción inmediata de sus deseos y que a menudo comete el error de equiparar impulsividad con sinceridad.

El autocontrol es uno de los ingredientes necesarios para desarrollar nuestra inteligencia emocional, entendida como la capacidad de comprender y gestionar nuestros estados emocionales. En el ámbito deportivo la inteligencia emocional va a ser una cualidad que juegue siempre a nuestro favor. Una correcta educación emocional desde las categorías inferiores  va a contribuir a su desarrollo.

¬ŅSignifica esto que competir en estado emocional es algo perjudicial? No necesariamente. Las emociones son inherentes a la naturaleza humana y, por esta raz√≥n, no debemos negarlas pero s√≠ aprender a identificarlas y controlarlas. En consecuencia, el fortalecimiento del control emocional debe basarse en:

  1. Entender cuál es la función evolutiva de cada una de las emociones básicas (miedo, tristeza, alegría, sorpresa, disgusto, ira) y por qué motivo las experimentamos en determinadas situaciones competitivas.
  2. Ganar capacidad de autoconocimiento de las emociones en el momento en que las estamos sintiendo. Reconocer los estados emocionales por los que estamos pasando es algo crucial para no acabar siendo esclavos de ellos.
  3. Aprender y entrenar habilidades de autocontrol como el desarrollo de la capacidad de concentración y atención mediante técnicas de meditación.

A modo de ejemplo, la rabia o ira es una emoci√≥n con la funci√≥n evolutiva de prepararnos para la acci√≥n. Aumenta la presi√≥n sangu√≠nea, el ritmo card√≠aco y la secreci√≥n de adrenalina. Cuando la experimentamos corremos el riesgo de sufrir una especie de ‚Äúrapto emocional‚ÄĚ, en donde las estructuras m√°s primitivas de nuestro cerebro toman protagonismo¬†y actuamos como si no tuvi√©ramos conciencia de lo que estamos haciendo.

Un luchador movido por la rabia incontrolada puede ser un blanco f√°cil para su rival, ya que su √≠mpetu por atacar puede acarrear debilidades en su defensa. Muestra de ello es la pelea entre Jos√© Aldo vs. Conor McGregor, en la que este √ļltimo vence en 13 segundos un rival imbatido durante 10 a√Īos.

En cambio, un luchador que siente ira y que es consciente de ello es tremendamente peligroso, puesto que compite con un ‚Äúchute‚ÄĚ extra hormonal y, adem√°s, no son las estructuras cerebrales primitivas (sistema l√≠mbico) las que secuestran su conducta sino que se encuentra en el control de la situaci√≥n, gracias al uso de los sistemas cognitivos superiores (corteza prefrontal y corteza motora). En este sentido, Joe Frazier consigui√≥ ganar la ‚Äúpelea del siglo‚ÄĚ ante Muhammad Ali impulsado por la rabia que sent√≠a hacia su oponente, que le hab√≠a provocado e insultado reiteradamente antes del enfrentamiento. Frazier fue capaz de utilizar esta rabia sin que ella le dominara. En el siguiente v√≠deo vemos el momento en el que Frazier tuba a su rival, y a continuaci√≥n vemos a Ali explicando c√≥mo, mediante provocaciones, consigui√≥ que George Foreman perdiera el autocontrol para ganar otra pelea hist√≥rica:

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Otro ejemplo. En deportes de resistencia a menudo vemos a competidores que en alg√ļn momento todav√≠a inicial de la carrera experimentan buenas sensaciones y deciden subir el ritmo, pas√°ndoles esto factura al final de la prueba. En este caso es como si se hubieran comido la primera golosina del experimento de Mishel, puesto que no han sido capaces de controlar un estado emocional en el que sienten cierta euforia y no se guardan las fuerzas para el tramo definitivo en donde se suele decidir todo.

Para poder entender lo que aquí se expone hay que tener en cuenta que las estructuras más primitivas de nuestro cerebro son las primeras en evaluar los estímulos recibidos (a los 125 milisegundos) y, posteriormente, las funciones cognitivas superiores (entendimiento, planificación, gestión de pensamientos…) procesan la información (a los 500 milisegundos). El sistema límbico (amígdala) desencadena una reacción impulsiva, y luego el lóbulo prefrontal del cerebro modula la respuesta para que sea más analítica y proporcionada a la situación.

Este patrón que acabo de comentar lo va a experimentar cualquier deportista en situaciones competitivas, sea cual sea su modalidad deportiva. El trabajo que sea capaz de hacer aumentar la capacidad de autoconocimiento de las emociones va a significar una mayor destreza a la hora de modular nuestras reacciones, ya que reconocer la emoción que estamos sintiendo ya implica conectar las estructuras cognitivas superiores a las que hacía referencia.

A modo de conclusión, entonces, se puede afirmar que el desarrollo del autocontrol y la inteligencia emocional en su conjunto es un aspecto muy beneficioso a tener en cuenta para mejorar el rendimiento deportivo.

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